Por Beth Lizardo | Founder & Principal Strategist, Boutique Real Assets
Cuando observo mi trayectoria profesional en retrospectiva, resulta evidente que mi carrera en bienes raíces nunca comenzó en el sector inmobiliario.
Comenzó mucho antes.
Comenzó en la hotelería.
Y más específicamente, en uno de los laboratorios más exigentes para entender el comportamiento humano, la excelencia operativa y la creación de valor en destinos internacionales: la hotelería de lujo.
Mucho antes de asesorar inversionistas internacionales, analizar mercados emergentes o estructurar estrategias patrimoniales, mi día a día consistía en algo aparentemente más simple: crear experiencias memorables para personas que habían decidido invertir su tiempo más valioso en un destino.
Con los años descubrí que esa experiencia terminaría definiendo por completo mi forma de entender los activos inmobiliarios.
Porque los grandes proyectos nunca comienzan con edificios. Comienzan con personas.
La Escuela Invisible del Real Estate
Mi carrera profesional inició dentro de Meliá Hotels International, formando parte del equipo de Paradisus Punta Cana y posteriormente de Palma Real Villas by Meliá, en una etapa donde Punta Cana comenzaba a consolidarse como uno de los destinos turísticos más importantes del Caribe.
Trabajar en hospitalidad de lujo significaba comprender algo que continúa siendo esencial para mí hasta hoy:
La percepción de valor.
Cada huésped llegaba con expectativas distintas.
Diferentes culturas.
Diferentes estilos de vida.
Diferentes motivaciones.
Pero todos compartían algo en común:
Buscaban una experiencia extraordinaria.
Aquellos años me permitieron entender cómo se construye la confianza, cómo se genera fidelidad y cómo ciertos destinos logran convertirse en referentes internacionales capaces de atraer visitantes, inversionistas y capital durante décadas.
Sin saberlo, estaba observando los mismos factores que posteriormente aprendería a analizar dentro del mundo inmobiliario.
Cuando el Turismo y el Real Estate Comenzaron a Converger
Mi incorporación a Palma Real Villas by Meliá marcó un punto de inflexión.
Por primera vez pude observar cómo la experiencia hotelera comenzaba a integrarse con comunidades residenciales diseñadas para un comprador internacional que buscaba mucho más que una propiedad.
En diciembre de 2007 participé en la coordinación de la inauguración de las nuevas instalaciones acuáticas del Cocotal Golf & Country Club, un evento que representó una etapa importante dentro de la evolución de Palma Real Villas y que fue reseñado por Listín Diario. La organización del evento estuvo a cargo de un equipo multidisciplinario donde tuve la oportunidad de colaborar junto a Frederik Axelson y Yanet Castillo.
En aquel momento probablemente no imaginaba que estaba siendo testigo de una tendencia que décadas después dominaría la industria inmobiliaria global.
La integración entre hospitalidad, lifestyle, deporte, bienestar y comunidad.
Hoy lo conocemos como branded living, hospitality-driven real estate o lifestyle real estate. En aquel entonces simplemente estábamos ayudando a construir experiencias.
El Golf Como Plataforma de Relacionamiento Internacional
Una de las experiencias que más influyó en mi visión profesional fue mi participación en la organización de eventos internacionales vinculados al turismo deportivo y al golf.
Entre ellos, el Caribbean Golf Classic, celebrado en Meliá Caribe Tropical y Cocotal Golf & Country Club, donde participaron las diez naciones miembros de la Caribbean Golf Association. El evento reunió durante varios días a jugadores, empresarios, líderes institucionales y visitantes internacionales en uno de los escenarios más emblemáticos de Punta Cana.
Para muchos, el golf es simplemente un deporte.
Para quienes hemos trabajado dentro de la industria turística, representa algo mucho más profundo.
Representa relaciones.
Networking.
Posicionamiento de destinos.
Movilidad internacional.
Y generación de inversión.
Cocotal Golf & Country Club, diseñado por el reconocido arquitecto español Pepe Gancedo y desarrollado dentro del complejo Meliá en Bávaro, se consolidó como uno de los principales puntos de encuentro entre turismo residencial, hospitalidad y estilo de vida en la región.
Aquellas experiencias me permitieron interactuar con viajeros de múltiples nacionalidades, empresarios, ejecutivos e inversionistas que compartían algo en común:
No elegían destinos únicamente por sus playas o por sus hoteles.Elegían lugares donde podían proyectar una parte de su estilo de vida.
Esa observación terminaría transformando mi forma de analizar bienes raíces.
Una Carta Que Nunca Olvidé
A lo largo de los años recibí múltiples reconocimientos de huéspedes y clientes. Sin embargo, existe uno que todavía conservo. Una carta escrita por un huésped durante mi etapa en Royal Service de Paradisus Punta Cana.
Más allá de agradecer la atención recibida, expresaba algo que continúa resonando conmigo:
“You have made my trip to the Dominican Republic a wonderful one.”
Con el paso del tiempo entendí que esa frase contenía una enseñanza mucho más profunda.
Las personas rara vez recuerdan una transacción. Recuerdan cómo las hiciste sentir.Y exactamente lo mismo ocurre en el mundo de la inversión inmobiliaria.
Los activos más exitosos son aquellos capaces de generar una conexión emocional con el lugar donde se encuentran.
Del Servicio a la Estrategia de Inversión
Mi evolución hacia el sector inmobiliario internacional fue una consecuencia natural de todo lo aprendido durante aquellos años.
La hotelería me enseñó a entender personas.
El turismo me enseñó a entender destinos.
Y el real estate me permitió conectar ambas dimensiones con una visión enfocada en patrimonio, inversión y creación de valor.
Con el tiempo tuve la oportunidad de trabajar en mercados como México, República Dominicana, Estados Unidos, Bali y Dubái, asesorando inversionistas en desarrollos turísticos, propiedades de lujo, branded residences y macro lotes estratégicos.
Sin embargo, la esencia de mi filosofía continúa siendo la misma.
Antes de analizar una propiedad, analizo el ecosistema.
Antes de estudiar el retorno, analizo el destino.
Antes de evaluar un activo, evalúo la experiencia que ese lugar es capaz de generar.
Porque los grandes ciclos inmobiliarios nacen mucho antes de que aparezcan los edificios.
Nacen cuando una ciudad, una comunidad o un destino logra capturar la atención del mundo.
El Valor de Construir Comunidades
En 2024 fui reconocida por El Inmobiliario por una trayectoria orientada no solamente a facilitar inversiones, sino también a promover desarrollo económico, educación financiera y creación de comunidades sostenibles.
Ese reconocimiento reafirmó algo que he defendido durante años.
El verdadero valor del real estate no reside únicamente en la construcción de activos.
Reside en la construcción de entornos donde las personas desean vivir, invertir, compartir y crecer.
Y quizás esa sea la mayor lección que me dejó la hotelería de lujo.
Comprender que detrás de cada inversión exitosa existe siempre algo más grande que el propio activo.
Existe una experiencia.
Existe una comunidad.
Existe una visión.
Y existe la capacidad de transformar un lugar en un destino.
Hoy, desde Boutique Real Assets, continúo aplicando esa misma filosofía.
Porque después de casi dos décadas observando cómo evolucionan los destinos más exitosos del Caribe y América Latina, sigo convencida de que las mejores oportunidades inmobiliarias no comienzan con metros cuadrados.Comienzan con una historia. Y las mejores historias siempre terminan convirtiéndose en patrimonio.

